Hoy 11 de abril se celebra el Día Mundial del Parkinson. Se trata de una enfermedad neurodegenerativa crónica que afecta al sistema nervioso central. No afecta a todas las personas de la misma forma. Es el segundo trastorno neurodegenerativo más frecuente por detrás del Alzheimer.

Sus principales síntomas la rigidez y el temblor, pero también puede afectar a la visión.

En las personas con párkinson el movimiento rápido del ojo que permite enfocar los objetos de nuestro interés se ralentiza. Como consecuencia el leer y enfocar nuevos objetos puede ser difícil. Esto puede estar producido por los medicamentos asociados a la enfermedad.

Por otro lado, afecta la sensibilidad al contraste, disminuye la capacidad de discernir diferencias sutiles en grises, o los colores de los objetos, especialmente en condiciones de poca luz. Esto hace que sea difícil ver al caminar o conducir por la noche.

Otro de los síntomas de la enfermedad es sequedad en los ojos y vista cansada. Con el Parkinson el parpadeo se ve reducido y como consecuencia el ojo se reseca y puede molestar. Las gotas oculares y tomar pequeños descansos puede ayudar a solventar estos problemas de visión.

En otros casos sucede lo contrario, la enfermedad provoca espasmos que aumentan el parpadeo y se produce un lagrimeo excesivo. El lagrimeo excesivo puede producirse como mecanismo ante la irritación. El médico puede aconsejarle un lubricante ocular.

La visión borrosa es uno de los principales síntomas de la enfermedad de Parkinson. Puede ser provocado al comenzar con la medicación y suele mejorar transcurrido un tiempo. Si no mejora debe acudir al médico.

Para eliminar o disminuir estos síntomas asociados a la edad es recomendable acudir a su neurólogo que, junto con el oftalmólogo, realizarán ajustes en su medicación para mejorar el estado de su visión.